Vie25092020

Última actualizaciónDom, 27 Sep 2020 12pm

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Spanish Pulp Fiction

Columna escrita por Fernando Collado

Quizá coincidan conmigo en que, como dijo Marsellus Wallace, estamos a mil jodidas millas de estar bien. España es ahora la pulpa, el meollo, de cualquier ficción. Con el rey emérito convertido en demérito, los rebrotes del Covid amenazantes con la lengua bífida de un áspid, la propiedad privada al servicio de cualquier manada, la destrucción de empleo como la mayor depredadora del papeo, las consignas políticas convertidas en opio para favorecer el momio de politicastros (y su inservible corte) en general: la pana convertida en tergal.

Y la monarquía, que de sustantivo pasó a verbo, es en la actualidad un pretérito imperfecto, con un presente rugoso y un futuro pulgoso.
En ‘Spanish Pulp Fiction’ avezados descarados –algunos desde los poderes del Estado- ruedan una zafia pantomima plagada de innumerables ‘flashback’: dos pasos adelante, una docena hacia atrás. El paradigma de una sociedad mal ensamblada, llena de contradicciones entre las leyes y una justicia que parece de moviola, lenta hasta la desesperación e infradotada en lo económico. Que convierte al malo en bueno, a éste en pagano y a Marsellus… Ya saben cómo acabó y qué justicia utilizó.
Los poderes del país no es que estén lejos de la plebe (qué más quisiera ella), es que están en otra dimensión. En una odisea por el espacio exterior, del que, de vez en cuando, bajan alguna estrella para estrellar al respetable: no para dar luz, sino para cegar. La diferencia entre ambos mundos es la misma que la del café que tomaba Jimmie Dimmick comparado con el que sorbían en Inglewood Vincent Vega y Julius Winnfield: cuestión de prioridades, pero siempre con lo ancho del embudo en dirección al cuello duro.
Contra todo esto, ¡albricias!, en las próximas elecciones le prometerán a usted una inyección de adrenalina directa a su corazón fatigado. Claro que no siempre las víctimas de semejante (indi)gestión resucitan después de haber sido obligadas a tragar tanta mierda. Pero, si quieren un consejo, usen la táctica de las grandes ficciones: lo importante ahora mismo no es lo que ustedes cuenten, sino cómo lo cuenten. Farsa contra farsantes.