Mié08042020

Última actualizaciónMar, 07 Abr 2020 6pm

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De villanos a ciudadanos

Columna escrita por Fernando Uría

Un buen día, hace 125 años, los torrelaveguenses pasamos de ser villanos (habitantes de una villa) a ciudadanos (habitantes de una ciudad).
Torrelavega, una ciudad poliédrica y calidoscópica que nos depara distintas visiones, recuerdos y experiencias en función de nuestro año de nacimiento y nuestro entorno. Pero está claro que en el ADN torrelaveguense encontramos elementos comunes. Por ejemplo, el “orgullo de pertenencia”, un sentimiento, casi irracional, que nos lleva a ensalzar la historia y valores de una ciudad que, para nosotros, es única. A la vez, y sin que tenga una explicación lógica, somos excesivamente autocríticos y cuestionamos cualquier aspecto urbanístico, social, deportivo o cultural que para los vecinos de otra ciudad pasarían completamente desapercibidos o serían perdonables. Vivimos en una constante insatisfacción.


Durante estas semanas se repetirán hasta la saciedad los datos históricos de este aniversario, pero a mí me gustaría dejar dos o tres pinceladas de mis recuerdos de infancia que, seguro, muchos de vosotros compartiréis. Por ejemplo, las calles de tierra en los barrios, con pozas cristalizadas de hielo, camino del colegio. Las mismas calles en las que jugábamos interminables partidos de fútbol con montones de ropa por porterías. La ausencia de agua por las noches que hacía innecesarios los despertadores matinales por el ruido que provocaba el llenado de las cisternas. Los nombres propios mal pronunciados, de forma impenitente: Isniace, Torlavega o Inmobilaria. Lo bocatas de rabas del Castillo o los de “bolas” del Dido. Los escaparates curvos de La Trinchera. Las máquinas callejeras de bolas de chicle. El “gallinero” del Principal. La temporada de las peonzas o del clavo…
Mientras lees este artículo seguro que estarás susurrando estrofas mil veces repetidas “Grande por todo y en todo, lo de esta fecunda vega, hijos de la Virgen Grande, bendita Torrelavega”.