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Última actualizaciónMar, 07 Abr 2020 6pm

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Si me queréis irse

Columna escrita por Nando Collado

Al presidente del Gobierno sólo le falta exclamar como Lola Flores en la boda de Lolita: “Si me queréis irse”. Sánchez se ha revelado como un consumado experto en la orografía de Úbeda y sus cerros. Con voz seria, grave, y que pretende ser convincente sin conseguirlo, el jefe del Gobierno actúa como el viejo zorro en cada una de las cuestiones que insolentes periodistas le plantean cada vez que tienen oportunidad: huele la pregunta, la olisquea, pone faz de raposo y se escabulle hacia la loma más cercana.

Pero no se puede juzgar a Sánchez sin comprenderle antes. Debe ser muy difícil contestar sobre depende qué situaciones: no podría dormir con Iglesias en su gobierno y ahora ronca con él en una preciosa ‘cucharita’ política (se supone que Pablo pernocte con el gorro de ducha en la testa para no estampar la coleta en la cara del presidente cada vez que se da la vuelta), no pactaría con los que quieren romper España y, paradójicamente, es quien es gracias a ellos (con el sonrojo de Navarra en medio), veía la rebelión sin gafas de aumento, pero se pasó a la sedición como paso previo a no se sabe qué (la reforma del Código Penal quizá explique las claves), no dudaría en aplicar el 155 y lo que ha conseguido es que los constitucionalistas dejen de leer poesía por el tremendo temor a la rima. Son sólo algunos titulares, pero hay más.

Sánchez es un consumado artista de pincel falaz. Cambia de color en un pispás. A veces lo puede hacer incluso el mismo día. Como cuando el Gobierno afirmó que la mesa con los independentistas quedaba aplazada hasta después de las elecciones en Cataluña –que Torra había anunciado sin fecha- y se rectificó a sí mismo tras escuchar de boca de Rufián el chiste del dentista. El vocero de ERC tiene escaso crédito político y nula talla, pero es un consumado experto en cascar las nueces que recoge el PNV. Y eso, a Sánchez, le pone el vello de las ventanas de la nariz en el cogote.

Veremos adónde le llevan a Sánchez sus esmerados escorzos. Comprendamos que no tenga argumentos para explicar sus groseras contradicciones. Y no descarten que, si se ve superado, reaccione por lo folclórico.