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Última actualizaciónDom, 19 Ene 2020 11am

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Aquí no se arregla ningún tipo de acoso

Columna escrita por Miguel del Río

Ahora nos ponemos a cuestionar aspectos de la violencia de género, cuando la violencia no es más que eso, violencia. Saltamos al acoso escolar, del que ni se habla lo debido, ni mucho menos soluciona. De oca a oca y tiro porque me toca: también los profesores cuyo problema de acoso se agrava. Pero en 2019 he venido igualmente escribiendo de las agresiones en los hospitales a médicos, enfermeras y profesionales sanitarios en general, y tampoco hay novedades que sería mejor anunciar como medidas enérgicas. Cuando vendemos que nuestra democracia está sana, y que seguimos gozando de unas libertades sin parangón, alguien con suficientes dedos de frente debería aclarar entonces por qué tantas personas y sectores educativos y laborales afrontan con miedo y temor cualquier nuevo día.

España es un país de muchas palabras, de cuantiosas promesas incumplidas, pero de muy pocos hechos. El acoso escolar, el acoso laboral y por supuesto que destaco cualquier atisbo de machismo contra las mujeres, no se debiera tolerar ni por un segundo, allá donde se produjera dentro de nuestro extenso país. Estamos, unos más que otros, perdidos en discutir banalidades, mientras muchas personas sufren en primera persona intolerables acosos, tanto en cuanto la legislación promete pero nunca terminan de llegar soluciones que corten de raíz esta sociedad tan violenta que estamos creando. Una buena amiga me lo expresa de manera más acertada: “Mira Miguel, esta sociedad está muy enferma y aún no somos conscientes, porque la falta de respeto lo abarca todo”. Lleva mucha razón, y tenemos que volver a lo de siempre, que es lo más grande que tenemos y quizás menos valorado: la educación. Abordes el problema que abordes en la España de hoy, incluso lo de Cataluña, la educación aparece de inmediato, porque en algún momento alguien ha descuidado exigir modos, maneras, respeto, atención, silencio y, por supuesto, tolerancia. En todos los acosos y agresiones que se producen, sumadas las de Internet y redes sociales, hay una falta total de educación básica, que es esa que mayormente se cría en el ambiente familiar. Aunque como las situaciones son tan desesperantes para un ejército de agredidos, es momento ya de pasar a la acción y extirpar de raíz toda intención de acoso, sea a un alumno, a un profesor, a tu médico o al vecino de enfrente.