Vie06122019

Última actualizaciónLun, 09 Dic 2019 12pm

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Por la boca vive el pez

Columna escrita por José Ángel San Martín

Se dijeron cosas peores que dos amantes despechados. Se malmiraron peor que dos enemigos antes de acuchillarse. Se desearon en público y en privado lo peor y hasta lo pésimo. Se dieron fuerte y flojo. Se alejaron bloqueándole el móvil el uno al otro. Se prometieron desamor eterno. Pero una fría noche poselectoral de noviembre zarandeó sus zarandeables conciencias hasta hacerles entrar en razón. Y salir al día siguiente a contarlo. Todo lo que sea a cuenta del desbloqueo de este pobre país mirado por un tuerto viene a cuento. Las palabras se las lleva el viento, pero no se pierde ninguna de ellas porque todas se localizan en perfecto estado de revista en la hemeroteca y en las redes.

La calculadora suma a favor de viento: 120, 155, 158, 165...Con la tranquilidad que concede saber que la segunda votación de las 48 horas siguientes a la investidura solo necesita más síes que noes. Los 176 respaldos afirmativos, sin abstención, son una quimera. Pero ganar por la mano ese segundo escrutinio clave, tiene el aspecto inconfundible de producirse.

La ventaja de los peces es que no deben nadar y guardar la ropa, porque no la tienen. Solo han de nadar y evitar ser comidos por el pez superior. Al tiempo que se fagocitan al pez inferior. Los dos tiburones jefe acaban de prometer no morderse, decisión muy aplaudida por el público dado el mal efecto visual que hace la sangre abundante en el mar.

Si estuvieran en un acuario, estos dos peces de tamaño, branquias y aleteo tan diferentes serían admirados por su natación sincronizada. Pero su condición anfibia les lleva a tierra firme para sonreír como nunca había sonreído un pez y a abrazarse como nunca se han abrazado dos peces.

Hace cuatro días, el acuerdo de Gobierno estaba muy pez. Hoy, se mueve como pez en el agua. Increíblemente decididos a no correr la suerte del camarón que se duerme, que se lo lleva la corriente. El país, cabreado con razón, mira a diciembre. Y no porque llegue la Navidad (llegó en octubre, quizás no se hayan percatado), sino porque en diciembre podríamos tener un presidente.

No importa si pez espada, besugo o machote. Porque ya sabemos que por la boca vive el pez.

@JAngelSanMartin