Jue14112019

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El procés de tus alubias

Columna escrita por Nando Collado

Un ganadero pierde parte de su cabaña de vacas en una noche aciaga en los Picos de Europa, conecta la radio y escucha: “procés”. Una viejina solitaria está al borde del desahucio, en un trance de perder la vida, pone la tele y oye: “procés”. Un infantil se rompe el cruzado en un patatal, va en la ambulancia, alguien sintoniza una emisora y ésta expele: “procés”.

Un torero sufre una cogida de tres trayectorias, malherido besa el albero con el cuello del revés, el toro se acerca con cara de rufián y le susurra al oído, mientras le humedece el tímpano con un moco viscoso y frío: “procés”. Un pescador vuelve vacío de su última excursión a la raya más lejana del océano; un escualo, que dice ser pacifista pero tiene unos dientes como el dedo gordo de Bud Spencer, se incorpora en un escorzo a la altura de la quilla para amenazarle: “procés”.

Un ‘heavymetal’ melancólico, preso de la época dorada de los 80, se aferra a los Judas en la mítica ‘Breaking the law’, y como la ocasión la pintan calva, de los altavoces emerge la jeta de un prófugo con pelazo y cara de pantortilla que trata de convencerle: “procés”. Un cocinero prepara su carta estelar, mueve el contenido de la cazuela, bambolea el guiso como si fuera una danza de Barranquilla; de entre los pimientos, la cebolla y el aceite surge el larguirucho número 3 y da un patadón: “procés”. Un matrimonio desenrolla una alfombra en el largo pasillo de su casa, parece la lengua de un camaleón, larga y pegajosa, lista para atrapar incautos; no es mágica ni llevará a nadie a la tierra prometida, pero de ella brotan un par de ‘jorges’ que se presentan como pacifistas de la ruptura (destruir para construir): “procés”. Un lector recita el mítico poema ‘A mi buitre’ (Ese buitre voraz de ceño torvo que me devora las entrañas fiero…) y, entre picotazo y picotazo, emerge un personaje pequeño, cabezón –dicen que con él empezó todo- y eructa: “procés”.

Mientras el ‘canallismo’ político sea una opción contra la olla de las alubias, siempre habrá alguien tras una esquina que tratará de meter en cabeza ajena cualquier idea. Aunque sea a pico y pala.