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Última actualizaciónMié, 23 Oct 2019 10am

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Sánchez te visita y a Revilla le visitan

Columna escrita por José Ángel San Martín

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, ejerce actualmente una función sin precedentes: visitar colectivos. Puede visitar a los hosteleros de Navalcarnero, a los taxistas de Albacete, a los carniceros de Benalmádena, a los editores de Tordesillas, a las modistas de Zamora, a los costaleros de Cartagena, a los boxeadores de Tudela, a los vendimiadores de Cuenca, a los sindicalistas de Avilés, a los ferreteros de Tarrasa, a los hortelanos de Bembibre, a los autónomos de Renedo de Piélagos, a las jugadoras de bádminton de Matalascañas, a los pescadores de altura de Ondárroa, a los ancianos de Benicarló, a las aceituneras de Úbeda, a los videntes del Delta del Ebro, a las peluqueras de Zaragoza, a los intérpretes de música barroca de Badajoz, a los mayoristas del percebe de Cambados, a las víctimas de accidente de moto acuática de Menorca, a los golfistas de Somorrostro, a los poetas de Ávila, a las enfermeras de Benavente, a los tractoristas de Sigüenza y hasta a los ludópatas de Castellón. Nadie parece escapar a su insólita pasión por la charla. Salvo los visitadores médicos, por hallarse siempre de visita.

El objetivo es adornar el árbol prenavideño de la investidura con las guirnaldas de la sociedad civil. La estrategia de Sánchez puede resultar cansina, pero nadie le acusará de no escuchar a todo colectivo patrio que sume más de 25 personas. Solo le falta uno, el colectivo de los 42 diputados de Podemos, con el que se pondría morado a votos si los sumase.

Pero, a día de hoy, Sánchez suma solo visitas, resta visibilidad a Iglesias, multiplica su perfil público y divide al resto de la izquierda. Para no ser matemático, sino economista, está abriendo vías desconocidas en la aritmética parlamentaria. Otra función hasta ahora inédita del presidente en funciones.

Y mientras Sánchez puede llamar en cualquier momento a su puerta, miles de españoles han llamado en cinco ocasiones distintas a la de Revilla en Peña Herbosa 29 para conocerle. Sin otro interés que visitarle porque el presidente cántabro les cae muy bien. Le frecuentaron el domingo pasado por última vez, y Revilluca se emborrachó del “selfies”, apretones de mano, abrazos, cucamonas y besos. A Revilla se le visita sábados o domingos en horario de oficina, de 10 a 2, impidiendo que esos días suba a su oficina de la sexta planta de Peña Herbosa.

Entre la furia visitadora de Sánchez y la furibunda cola de visitadores de Revilla discurren las horas y los días más inciertos de un país sin Gobierno. Menos mal que a nadie se le ha ocurrido amenizar la espera como al genial Vargas Llosa en su “Pantaleón y las visitadoras”. Las visitadoras daban sus gozosas prestaciones a los soldados en carne de curso legal a cambio de monedas de idéntico curso. Pero en estas circunstancias, voluptuosidad y lascivia solo las justas.

@JAngelSanMartin