Dom17112019

Última actualizaciónDom, 17 Nov 2019 11am

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Ney creyó que en París había mar

Columna escrita por Fernando Collado

Algunos futbolistas son verdaderas multinacionales y piensan que, con tanto poderío, obrarán cualquier milagro. Por ejemplo: anchar el Sena como si fuera una goma y revertir el frío invierno de la ciudad del amor para trasplantar allí una playa tropical. Neymar y su padre, el director general de esa multinacional, no tardaron mucho en cerciorarse de que París la nuit y la samba son incompatibles. Los dos quieren salir y pretenden poner la proa hacia España, pero ahí chocan con el jeque, que puso 222 millones de euros y, como es lógico, quiere recuperar la pasta de alguna manera.

Ney pensó que en París había mar, pero se encontró con un río entre tinieblas. Ney creyó que trasvasaría el Mediterráneo barcelonés al centro de Europa, pero ha acabado llorando en su torre de oro, una ‘Torre Infiel’. Entretanto viajaba a Brasil, al calorcito del cumpleaños de su hermana, todo ello trufado con la rotura de su ya famoso quinto metatarsiano. Ney pensó que tenía la sartén por el mango y, de momento, solo ha logrado tiznarse. Porque no siempre los futbolistas juegan donde quieren, sobre todo si el que te paga tiene el dinero por castigo, le encanta apretar tuercas y mantiene una malísima relación con el club al que el brasileño añora regresar.

Dicen que Florentino tiene una servilleta lista para hacer sus míticas cuentas. El problema es que el jeque necesita toda una pared para plantear las suyas. El Barça, que no dispone de sonido metálico tras empeñarse en la operación Griezmann, ya sabe lo que es chocar contra ese muro, por mucho que Messi intente tirar con pólvora del rey. El astro argentino también podría ayudar con parte de su ficha, dicen en tono jocoso, y siempre en privado, destacados culés defensores de la teoría ‘zapatero a tus zapatos’. Muy en privado, no vaya a ser que se enfade el chiquitito y haga ‘un Figo’.

Nadie va al supermercado a comprar, pone el precio del producto y dice cuándo y cómo quiere pagar. Eso en París lo tienen muy claro y no van a malvender. Así que, mientras Ney implora por su mar, los candidatos deberán rascarse el bolsillo. Eso o un año más de cárcel de oro parisina.