Vie23082019

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Cantabria, Viuda de Don Proyecto Nacional

Columna escrita por Fernando Collado

Revilla, a veces tan onírico, sueña a menudo con ese día en que el caballo de hierro descienda de los cielos y con su crin al viento insemine de vagones chiquitos pero veloces a esta Cantabria roma, yerma, seca de lo raudo. Hará falta un laudo. De los campos amarillos de la Castilla profunda emanará una máquina que, tras abrevar en el Canal a su paso por Alar, soplará y resoplará (algo así como en el cuento de los tres cerditos) para abrirse paso hacia los verdes prados, casi fosforitos de tanto aguardar con los ojos como platos chinos a que un ministro, uno solo, cumpla lo que prometió a Cantabria, Viuda de Don Proyecto Nacional, mientras bailaba con ella en la fiesta de graduación.

Si al purriego le exhortaran enumeraría a sus marranucos irredentos, aquéllos que prometieron soplar de popa y, no es que a la postre lo pusieran en chino, es que todo acabó en griego. Ahora, una vez más, vuelve la burra al trigo con la terrible amenaza de que el jumento se zampe un papel. El documento fetén. Ése que garantiza, parece ser, que no habrá más danzas que acaben con patadas en las espinillas o pisotones con el tacón sobre las uñas ya negras de la Cantabria malherida.

Revilla IV –cuatro veces four president, que diría Bigote Arrocet- o bien anda con la mosca detrás de la oreja o es que ha decidido ponerse la venda antes de que aparezca la supuesta herida tantas veces repetida. Y ha querido manifestar que, como en esta ocasión el Gobierno de allá incumpla la promesa de las infraestructuras, lo pagará en el Ejecutivo de acá. La amenaza ni es nueva ni se ha sustanciado jamás, pero todo tiene una primera vez.

Hay, sin embargo, una diferencia con los incumplimientos y desconsideraciones anteriores. Ahora el PRC tiene un diputado en Cortes por primera vez (a Dios rogando y con el Mazón dando) y ello puede decantar la balanza como, por ejemplo, tanto hicieron los canarios. Y bien que les fue. Ni Sánchez ni Zuloaga se han puesto a temblar –ni parece momento de ello, la verdad- pero siempre es recomendable tener a mano el botón del pánico. Antes, la investidura de Pedro si quiere Pablo. Revilluca ya tiene la suya.