Mar16072019

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Juego sucio

Columna escrita por Miguel del Río

No sé si me gusta más que Rafa Nadal gane un nuevo Roland Garros, o escucharle al recoger la copa, mirando a la cara del que ha sido su oponente para reconocer su formidable juego y desearle los mayores éxitos futuros. Ambas cosas están muy bien, porque es juego limpio, y la referencia total que deben tomar jóvenes y mayores para aplicarlo a sus comportamientos personales y profesionales. Actualmente, la ética y los valores son un lujo. Lo acabamos de ver en la detención de jugadores de fútbol, por presuntos amaños en partidos muy concretos, algo que ha sacado a la luz la prensa, como tantas veces sucede a la hora de combatir la corrupción en cualquiera de sus formas. Como mejor se evitan las malas prácticas es desde dentro de donde ocurren. Me da igual que se lo aplique el tenis, al fútbol, a la política o al mundo de la industria, mientras sea visible y efectivo.

 

 

En este año van dos ocasiones en que, con motivo de grandes encuentros empresariales, he escuchado en boca de reputados oradores que hay que reforzar los códigos para las buenas conductas en los negocios, primero porque los ciudadanos cada vez lo demandan más y, segundo, porque el hastío es patente con respecto a las pocas consecuencias penales para los que practican el juego sucio. Es la historia tantas veces reladata; no puede ser que por robar una gallina te caiga un año de cárcel y por esquilmar millones del dinero público estés a los pocos años paseándote tranquilamente por las calles de tu ciudad. Voy con otro ejemplo nuevo. Es penoso y humillante que lleguemos a asumir, sin consecuencias, esta nueva diplomacia que impera de la mano de mandatarios estilo Donald Trump. En su última visita oficial al Reino Unido no paró de insultar a todo el que se encontró en su camino de alfombra roja. Se me hace extraña esta Inglaterra de hoy, y lo que es capaz de soportar para tener la fiesta en paz con la potencia que será su principal aliada, una vez se consume su salida de la Unión Europea. Bajo ningún concepto podemos aprobar esta nueva sociedad que se nos quiere imponer. Una sociedad donde los hechos se retuercen y manipulan para convertir la gravedad en un no pasa nada. Al tiempo, damos un ejemplo pésimo a los que vienen detrás, que deben tener claro que se gana como lo hace Nadal y que se pierde por amañar partidos, para sacar más tajada de las apuestas deportivas.