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El gran salto

Columna escrita por José Ángel San Martín

Ruth Beitia afrontará el próximo 26 de mayo su primer salto a un solo intento. El gran salto. Si le supera, algo tan complicado como superar en el primer intento la lectura de El Aleph de Borges, llegará su asalto al poder. Le quedan 135 días para acomodar su zancada, evitar las zancadillas y franquear su primer listón situado en diputados y no en centímetros. La saltadora de oro buscando el mismo podio que Revilla, veteranísimo y laureado atleta de las instituciones. A ninguno de los dos le sirven la plata o el bronce.

Alta y delgada. Risueña y mediática. Leal como el mar a la orilla. Su designación sumió en la resignación a la presidenta de su propio partido. Los vericuetos electorales son insondables. Están llenos de atajos y vías alternativas sin señalizar. Señalada para encabezar una poderosa lista, no la oiremos presumir de ser la más lista, sino solo la cabeza de cartel.

Cocinar el prestigio deportivo en la olla de la actividad política depara siempre un plato de resultados imprevistos. La política no admite el reposado fuego lento porque en ella todo adquiere la urgencia de ser de hoy para ayer. El punto de sal es tan difícil de encontrar como las fuentes del Nilo.

Ruth Beitia hizo historia el 20 de agosto de 2016 en Río de Janeiro y quiere hacer historia el último domingo de mayo en Cantabria. Hasta su elección, tenía tantos admiradores que no cabrían en cualquier estadio de fútbol. Desde ahora, aparecerán detractores que primero cabrán en un taxi, luego se reunirán en grandes cafeterías y, finalmente, aspirarán a llenar polideportivos. Es la política.

Ya se sabe que existen tres categorías de oponentes: los adversarios, los enemigos y los compañeros de partido. Frentear a los dos primeros colectivos es tarea que solo exige buena cintura. Frentear a los compañeros de partido es un imposible metafísico porque actúan por la espalda.

Cuando el mítico Dick Fosbury inventó el salto de espaldas al listón faltaban 11 años para que naciese Ruth Beitia. Fosbury se proclamó con tan innovador estilo campeón olímpico de salto de altura en Méjico 68. Beitia sería campeona olímpica 48 años después. Saltando de espaldas, confiada en su prodigiosa elasticidad. Sin necesidad, entonces, de cuidarse del enemigo político que ataca por las dorsales.

Ruth Beitia frente a su gran salto. A un solo intento. La primera vez que no podrá ejecutarlo de espaldas. Arriesgándose a que los electores le den la espalda. Apasionante.

@JAngelSanMartin