Jue03122020

Última actualizaciónJue, 03 Dic 2020 1pm

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A mil jodidas millas de estar bien

Columna escrita por Nando Collado

Leo en El Faro de Cantabria la crónica semanal de Román Alonso desde Inglaterra. Un reportero gráfico obligado por la vida a buscarse las habichuelas en otro terreno de juego. Lejos de la tierra que le vio nacer. Él y su familia. Me entristeció, semanas atrás, cuando, al escribir del Ferry, trazó una larga línea con cada metro de separación que iba sumando desde la cubierta el día de la despedida, hace ya algún tiempo. Cuando la voz cantarina se quiebra porque ya hay poco que cantar, a la espera de recuperar el aliento en tierra extraña. Creo que lo ha logrado o está en vía de ello, aunque implore una racha de nordeste de vez en cuando y, sobre todo, unas rabas con un medio de por medio. Ofrézcanle, no tengo duda de que dirá como Don Camilo: “Si se empeña…”


Hoy, como digo, le he leído en ‘Al Boss, a ustedes, a mi chica, a mi Princesa Jersey Girl. A mi madre’. Un titular largo para cualquier artículo o reportaje, me habrían advertido los profesores que tuve cuando comencé a ejercer el periodismo allá por los 80 (y acá, en los riñones, llevo unas cuantas granizadas). Tan cierta (la advertencia) como necesario (el titular). Lean en El Faro y comprenderán. También se menciona en ese texto a Marsellus Wallace (Pulp Fiction), y su mítica frase en la cinta de Tarantino, cuando declaró estar “a mil jodidas millas de estar bien”.
Y sí: pese a alegrarnos por las cosas nimias de la vida: una canción del jefazo (no les cuento un disco), una tortilla de patatas con la cáscara de los huevos manchada, la sonrisa de una madre tras la verja, al otro lado de la mascarilla; el maullido de un gato, el raspón del chupete de un infante… Pese a todo, manda el ‘hijoputismo’ en las alturas. Tipejos y tipejas de una estofa subterránea tirando de las patas del mal común como si se tratara de una araña. Trileros que venden llaveros. Por eso, cuando leo al corazón, lloro en una arteria y maldigo desde la otra.